Contenido
- Los Ángeles a principios de los setenta: de dónde nace la Biosfera Biomórfica
- Del lavabo a la bandeja de cultivo: cómo circulaba el agua dentro de la estructura
- Lo que el cálculo de flujos orgánicos resolvió bien
- Bombas, patógenos y normativa: por qué el ciclo no salió del papel
- Cinco principios de la Biosfera que un proyecto actual puede adoptar
- Una tarde en el taller: redibujar la sección de la Biosfera con ojos de hoy
Los Ángeles a principios de los setenta: de dónde nace la Biosfera Biomórfica
Para entender la Biosfera Biomórfica hay que imaginar una ciudad que bebía agua ajena. A comienzos de los setenta, Los Ángeles crecía en mancha de aceite, urbanización tras urbanización, y se abastecía gracias a una red regional de acueductos que traía agua del valle de Owens, del río Colorado y del norte de California. Era una metrópoli brillante y frágil a la vez, conectada por tuberías de cientos de kilómetros a recursos que no controlaba.
El encarecimiento energético de 1973 hizo visible esa fragilidad. Conviene ser prudente: la crisis aporta contexto, pero por sí sola no demuestra qué decisiones tomó Small ni en qué momento. Lo que sí sabemos es que el clima intelectual empujaba a preguntarse por ciudades capaces de cerrar sus propios ciclos.
En ese debate dominaban las megaestructuras, enormes armazones habitables que ordenaban viviendas y circulaciones. Glen Howard Small dio un giro que todavía me parece radical cuando vuelvo a sus dibujos: dejó de tratar la estructura como esqueleto inerte y la pensó como un organismo que metaboliza agua, residuos y alimento. La hidroponía aparece ahí como infraestructura, al mismo nivel que un forjado o una escalera.
La cronología importa. Esas ideas maduran en los mismos años en que Small participa en la fundación de SCI-Arc, en 1972, según la propia historia institucional de la escuela. Aquel taller experimental, montado en las trastiendas de la ciudad, fue el caldo de cultivo de una vanguardia que prefería las preguntas incómodas a los encargos educados.
Del lavabo a la bandeja de cultivo: cómo circulaba el agua dentro de la estructura
Lo que sigue es una reconstrucción funcional para explicar la idea, y no una transcripción del archivo del proyecto. Leo primero las cotas de la sección y después la planta: así se localiza dónde baja el agua, dónde se almacena y dónde tendría que volver a subir.
- Separación en origen. Las unidades habitacionales recogen aguas grises de duchas y lavabos, apartadas de las aguas negras. La propuesta histórica habla también de cocinas, pero la definición normativa californiana actual excluye los desagües de cocina y lavavajillas de la categoría de aguas grises. Son vocabularios de épocas distintas.
- Retención de sólidos y tratamiento biológico. La geometría escalonada y orgánica permite que el agua descienda por gravedad. La decantación separa los sólidos sedimentables; el tratamiento biológico transforma la materia orgánica. Son dos operaciones diferentes y en el dibujo merecen dos lugares distintos.
- Distribución hacia las terrazas de cultivo. El agua pasa de una terraza a otra aprovechando el desnivel.
- Captación de nutrientes en la zona radicular. Las raíces y sus microorganismos asociados absorben y transforman nutrientes.
- Recogida y recirculación hacia un uso definido.
Hay un punto de la sección que me obsesiona: la flecha azul que necesita subir. Mientras el agua baja entre terrazas, la gravedad trabaja gratis. Devolverla a una cota superior exige energía, y justo ahí termina la poesía del organismo y empieza la ingeniería del bombeo.
También conviene matizar la palabra «cerrado». Un circuito recirculante pierde agua por evapotranspiración y otras vías, así que necesita reposición. Cerrado describe la intención de reutilizar, nunca la conservación íntegra de cada litro.
Lo que el cálculo de flujos orgánicos resolvió bien
La gran aportación de la Biosfera es metodológica: dimensionar un edificio a partir de sus flujos, además de sus metros cuadrados. Es una lectura que hago desde la propia lógica de los esquemas del proyecto, y que no depende de rendimientos que nadie llegó a medir.
El edificio como balance de masas
Cada unidad habitable aparece como fuente de agua, nutrientes y calor que el sistema debe absorber. Esa inversión cambia la conversación. El método funciona mejor con balances separados: el agua que entra y sale, los nutrientes aportados y retirados, la materia orgánica que hay que transformar. Un buen balance distingue además lo que absorbe la cosecha de lo que queda disuelto y se acumula vuelta tras vuelta.
Un detalle que a menudo se pasa por alto: el compost transforma residuos sólidos, pero no equivale a una solución hidropónica. Entre uno y otra median la mineralización, la separación de partículas y el control de la composición.
La densidad como aliada
Aquí Small acertó de lleno. El caudal doméstico oscila a lo largo del día, y muchas viviendas juntas mezclan duchas y lavabos de horarios distintos. Con un depósito de compensación intermedio, esa diversidad se convierte en una alimentación más regular del cultivo. A más densidad, flujo más predecible.
Punto Clave: el almacenamiento intermedio desacopla las descargas de las viviendas de la alimentación del cultivo. Sin él, la escala solo multiplica los picos.
Bombas, patógenos y normativa: por qué el ciclo no salió del papel
La Biosfera Biomórfica nunca se construyó a escala. Sus cifras de flujo eran estimaciones de proyecto, sin un prototipo en funcionamiento que las respaldara, y sería deshonesto atribuir su falta de construcción a una prohibición, a la financiación o a un fallo concreto sin documentos que lo prueben. Lo que sí puede examinarse son las dificultades de operación.
Primero, la técnica. En los setenta ya existían bombas, válvulas y medidores de pH y conductividad. El reto era integrarlos en una instalación residencial extensa, accesible para el mantenimiento y capaz de responder a averías. Y la medición tenía sus límites: el pH informa de la acidez; la conductividad aproxima la carga iónica total sin identificar por separado nutrientes, sodio o contaminantes. Una parada de bombeo, además, castiga de forma distinta a un canal con poca reserva y a una bandeja con volumen almacenado.
Segundo, la salud. Detergentes, sales y cambios de carga orgánica afectan al circuito de maneras diferentes, y la recirculación puede concentrar lo que los cultivos no retiran.
Advertencia: la absorción radicular no constituye una desinfección validada. De la terraza hidropónica al grifo hay un salto sanitario que una raíz dibujada no demuestra haber resuelto; el contacto con alimentos exige tratamientos y controles específicos.
A eso se suma la coordinación entre permisos de edificación, saneamiento y salud pública, tres mundos que rara vez hablan el mismo idioma.
Cinco principios de la Biosfera que un proyecto actual puede adoptar
Traducidas a un anteproyecto, las intuiciones de Small se convierten en cinco decisiones encadenadas:
- Separar redes desde el primer esquema, con bajantes identificables y una ruta de derivación al saneamiento para incidencias y mantenimiento.
- Dejar trabajar a la gravedad y a la sección antes que a la energía de bombeo. La sección hidráulica debe mostrar depósitos, cotas de entrada y salida, reboses y puntos de elevación.
- Relacionar ocupación, caudal y cultivo, expresando el suministro en volumen diario y contrastándolo con la demanda estacional, el almacenamiento y el tratamiento.
- Dibujar la zona radicular como una etapa del tratamiento, con su función definida y sin confundirla con la desinfección.
- Reservar accesos e instrumentación para filtros, limpieza de depósitos, toma de muestras y sustitución de bombas sin atravesar las zonas cultivadas.
Consejo: además del pH y la conductividad, registra niveles, caudales y estado de las bombas. Son los datos que avisan antes de que una avería llegue a las raíces.
Una tarde en el taller: redibujar la sección de la Biosfera con ojos de hoy
Imagino una escena, y la imagino a propósito. Una estudiante en un taller de SCI-Arc, la escuela que Small ayudó a fundar en 1972, superpone papel vegetal a una reproducción de la sección y sigue el agua con lápiz azul. Baja de terraza en terraza sin esfuerzo, hasta que el trazo se detiene frente a una cota más alta.
Ahí dibuja un pequeño signo de interrogación, suyo, no del original. Lo tacha enseguida y en su lugar anota una bomba, un sensor de nivel de bajo coste y una válvula automatizada. Luego añade un rebose y, con una línea discontinua, la ruta por la que alguien entrará a cambiar un filtro.
Levanta el lápiz. La línea azul vuelve al depósito y el circuito queda cerrado sobre el papel, ahora con sus accesos, sus reboses y sus controles.









